Discurso pronunciado el 18 de noviembre por Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, en la Universidad del Pacífico en Lima

Buenas tardes

Durante más de medio siglo, la Universidad del Pacífico (UP) ha desempeñado un papel protagónico en el desarrollo económico y social de Perú y el resto de América Latina. En la actualidad los profesionales egresados de la UP ocupan cargos directivos en áreas empresariales, financieras, académicas y de gobierno, por nombrar algunas.

Por lo tanto, no debe sorprender que casi todos los economistas peruanos del Fondo Monetario Internacional se hayan graduado de la UP. Pero esa no es la única conexión que existe entre nuestras instituciones.

De hecho, en ambas instituciones estamos profundamente dedicados a promover la innovación y el aprendizaje continuo. En ambas estamos muy conscientes también de que las investigaciones más valiosas —las ideas más sobresalientes en materia de política— son las que mejoran nuestras vidas, nuestras economías y nuestras naciones.

Por eso mismo, me produce una satisfacción enorme aceptar su invitación como Miembro Honorario de esta institución en reconocimiento de nuestras metas comunes. Recibo este honor en nombre de los países miembros y de mis colegas del FMI. Me enorgullece encabezar a un destacado grupo de funcionarios públicos que se esfuerzan continuamente por ayudar a crear una economía mundial en la que todos pueden prosperar.

Perú ha desempeñado su parte en el ámbito del liderazgo mundial. El año pasado, por ejemplo, las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial tuvieron lugar en Lima, las primeras que se celebraban en América Latina en casi 50 años.

Para mí, esa fue una ocasión especial, no solo por la extraordinaria hospitalidad que nos brindaron, sino también porque Perú aprovechó esa oportunidad para dar a conocer su abundante cultura y sus increíbles avances económicos y sociales. Perú le ofreció sus brazos al mundo y el mundo le ofreció los suyos.

Como dijo Antonio Raimondi, el gran geógrafo peruano: “¡El Perú tiene escrito en el libro del destino un porvenir grandioso!”  De acuerdo con el libro del destino, el futuro de Perú será magnífico.

  1. El mundo que ahora tienen frente a ustedes

Ese optimismo se hace manifiesto hoy en esta sala. Y Perú ha realizado en efecto un increíble recorrido en las últimas décadas, y su generación se encuentra ahora en una situación más ventajosa que la de las generaciones anteriores, prácticamente en todos los sentidos.

Esta es también la historia de la humanidad en su conjunto, naturalmente. Por ejemplo, en 1826, el año en que nació Antonio Raimondi, más del 90% de la humanidad vivía en la extrema pobreza. Este nivel se redujo al 37% en 1990 y a menos del 10% en 2015, porcentaje que tiene un solo dígito por primera vez en la historia.

Además de ser más prósperos, los seres humanos gozamos ahora de una vida más larga y saludable. En 1900, la expectativa de vida promedio en el mundo era de 31 años; actualmente es de 71 años. Naturalmente, la expectativa de vida varía sobremanera entre las distintas regiones; desde los 61 años en África hasta más de 80 años en América del Norte, Japón y muchos países europeos.

Si consideramos estos datos, junto con muchos otros, observamos un asombroso progreso en el desarrollo humano, progreso que su generación deberá mantener y ampliar.

  1. Integración económica mundial

Consideremos también la importancia fundamental de la integración económica mundial en esta región y el resto del mundo. La apertura de los países al comercio, la migración, los flujos de capital y el intercambio de tecnologías ha transformado el mundo.

Por ejemplo, entre 1970 y 2008 las exportaciones mundiales de bienes y servicios se multiplicaron por nueve, lo cual contribuyó a que prácticamente se triplicara el ingreso medio en los países emergentes y en desarrollo, y ayudó a que se duplicara con creces el ingreso medio en las economías avanzadas, sacando al mismo tiempo de la pobreza a cientos de millones de personas.

Esto ha beneficiado naturalmente a los países de la zona de la APEC que se reúnen aquí en Lima este fin de semana, y también ha beneficiado a su país. En Perú, en particular, se han logrado enormes avances: la tasa de pobreza en 2015 era menos de la mitad del nivel de hace una década.

En Perú, el ingreso medio —que hoy asciende a USD 6.000 -prácticamente se triplicó en el curso de las últimas dos décadas, gracias a la adopción de políticas macroeconómicas adecuadas y al auge del comercio de materias primas, combinados con un mejor clima de inversión y la creación de programas de protección social más sólidos. En otras palabras, la apertura al comercio no garantiza el éxito, pero sin ella Perú no estaría donde está hoy.

Efectos colaterales del comercio y la innovación

No obstante, los beneficios de la integración económica y del cambio tecnológico no se han distribuido equitativamente.

En Estados Unidos y otras economías avanzadas, por ejemplo, ciertos sectores y regiones han sido fuertemente afectados por la tecnología que ahorra mano de obra y la competencia de países con salarios bajos. Esto ha contribuido a una fuerte caída del empleo en el sector manufacturero estadounidense y ha tenido efectos profundos y duraderos en algunos mercados laborales de ese país.

Algunos de estos efectos se observaban ya a principios de la década de 1990, cuando China, India y los antiguos países comunistas se integraron al sistema de comercio mundial. Esa fue una etapa crucial porque el tamaño de la fuerza laboral del mundo se duplicó, lo cual creó presiones a la baja en los salarios, especialmente para los trabajadores menos calificados en las economías avanzadas.

Como todos los demás, los trabajadores se han beneficiado de la reducción del precio de los productos y de las mejores posibilidades de elección generadas por la competencia. Además, la sociedad, como un todo, es actualmente más próspera gracias al aumento de la productividad. Sin embargo, para un importante número de trabajadores menos calificados los efectos colaterales del comercio y la innovación han pesado más que sus beneficios.

Uno de estos efectos colaterales ha sido el aumento de la desigualdad económica en los últimos veinte años. La desigualdad del ingreso, por ejemplo, se ha incrementado sustancialmente en las principales economías avanzadas, especialmente en Asia y Europa oriental. En América Latina, los niveles de desigualdad se han reducido pero sigue siendo la región más desigual del mundo.

Y en todo el mundo avanzado, los niveles de desigualdad siguen siendo elevados. En las principales economías avanzadas, por ejemplo, el ingreso del 10% más rico de la población aumentó un 40% durante las últimas dos décadas, pero solo creció un poco para los situados en el nivel más bajo de la escala

  1. Un crecimiento inclusivo es esencial

Las consecuencias sociales y políticas ahora se están haciendo evidentes.

En Estados Unidos y el Reino Unido, por ejemplo, los electores han dado claras señales de inquietud en lo que respecta a la migración, el comercio y el cambio tecnológico. También han exigido a los responsables de la política económica que promuevan el empleo interno y el crecimiento de los ingresos.

Evidentemente, estos sucesos plantean un dilema para países que en el pasado se han beneficiado considerablemente mediante el comercio, como Perú. Sin embargo, también plantean un desafío intelectual para los encargados de formular la política económica y para los economistas en general.

Nuestra labor consiste en analizar y explicar de qué manera el comercio ha promovido el crecimiento, los casos en que las políticas han sido deficientes y la forma en que podemos hacer extensivos los beneficios de la integración y las nuevas tecnologías, asegurándonos además de que estos se distribuyen de manera más amplia.

En otras palabras, necesitamos un marco de política más eficaz para fomentar un crecimiento inclusivo. Consideren la reconversión laboral como una forma de ayudar a los trabajadores desplazados por la tercerización; consideren además el salario mínimo e incentivos tributarios para ofrecer a la mujer más oportunidades en el mercado de trabajo, y piensen también en la adopción de políticas de educación inteligentes, para que los jóvenes puedan prosperar en una economía digital.

Además, necesitamos mayor equidad económica. Esto, por ejemplo, requiere la creación de un sistema tributario internacional que minimice las lagunas de la legislación y nos proteja frente a los efectos corrosivos de la corrupción. También es necesario proteger la base tributaria de los países de bajo ingreso, y así evitar que las empresas multinacionales transfieran sus utilidades a localidades donde los impuestos son bajos.

Estos son solo algunos de los componentes de un marco de política más inclusivo. Se necesita una labor más amplia para identificar otros componentes mejores y para usarlos de forma más eficaz. Espero poder compartir con ustedes más información relacionada con las investigaciones que estamos realizando en el FMI en este ámbito.

  1. Transformación de la economía peruana

Ahora bien, ¿qué significa esto para Perú, que ha seguido siendo una de las economías de crecimiento más rápido en América Latina? Prevemos que la economía peruana crecerá en alrededor de 4% este año y el siguiente, y lo más probable es que ese porcentaje sea incluso mayor.

Este es el tipo de optimismo que Antonio Raimondi reconocería si estuviera aquí. En el siglo XIX Raimondi imaginó un “futuro magnífico” para los peruanos. Los encargados de la política económica cuentan hoy con una oportunidad para hacer realidad ese sueño.

¿Cómo? Sacando partido de un sólido marco de política que en el curso de los últimos dos años ha dado buenos resultados. Desatando la energía creadora de una fuerza laboral joven y de rápido crecimiento. Y sacando adelante reformas económicas que permitirán diversificar la economía del país y dar alcance a otros países de alto ingreso.

Aprovechar las oportunidades existentes

Teniendo esto en cuenta, quisiera destacar tres oportunidades que Perú puede aprovechar ahora mismo.

Primero, acelerar la reforma educacional que está en curso actualmente mediante un mejoramiento de la gestión de escuelas y una modernización de la infraestructura escolar, lo cual conlleva la reducción de una brecha equivalente a alrededor del 10% del PIB en la infraestructura.

Se necesita un nuevo enfoque para mejorar las aptitudes básicas de lectura, escritura y matemáticas y mejorar el acceso a la enseñanza superior para los estudiantes de bajo ingreso y los que viven en zonas rurales.

Segundo, aumentar la inversión en los sistemas de transporte, telecomunicaciones, energía, agua y saneamiento. Un buen ejemplo de esto es la ampliación del Metro en Lima, que permitirá mejorar la conectividad y reducir la congestión vehicular. Otro ejemplo es la construcción de nuevos caminos para conectar la zona costera con la Sierra y la región del Amazonas. Estas conexiones tendrán un efecto favorable en el sector empresarial y los consumidores.

Dada una brecha de infraestructura estimada equivalente al 35% del PIB, Perú deberá aumentar los ingresos fiscales y mejorar el marco para las asociaciones público-privadas.

Tercero, promover una mayor inclusión financiera como un medio para reducir la pobreza y la desigualdad. Piensen en las enormes posibilidades de un sistema de operaciones bancarias basado en el uso de teléfonos celulares en un país donde el 75% de la población tiene un teléfono móvil.

El gobierno se ha tomado muy en serio esta oportunidad y ha formulado una estrategia nacional para ampliar el acceso a cuentas personales. Y en el sector privado, las empresas de telecomunicaciones y los proveedores de servicios financieros han convenido en crear la Billetera móvil (BiM), una plataforma de dinero electrónico de rápido crecimiento.

Otro buen ejemplo de inclusión financiera es el programa de microcrédito Haku Wiñay, que pueden convertir a los pobres —en su mayoría mujeres— en microempresarios de éxito, como lo pude observar en la región de Ayacucho el año pasado.

Quisiera recalcar que, en los últimos años, Perú ha hecho importantes avances en materia de inclusión financiera. No obstante, se debe hacer más por reducir la brecha que existe con otros países de América Latina y el resto del mundo, sobre todo en el área de la inclusión financiera de la mujer.

El incremento de la inclusión financiera de la mujer es bueno para los hogares, las empresas y las economías. En las economías emergentes y en desarrollo, por ejemplo, el 70% de las pequeñas y medianas empresas propiedad de mujeres o bien no son atendidas por las instituciones financieras, o bien reciben una atención deficiente. Esto es una magnífica oportunidad económica que se debe aprovechar.

Informalidad

Estoy segura de que, a medida que ustedes sigan fomentando un modelo de crecimiento más inclusivo, podrán observar también una reducción de la actividad económica informal, que tradicionalmente ha sido elevada en Perú.

Una reducción de la informalidad puede traducirse en un incremento de la productividad, dado que las economías de escala y un mejor acceso a los servicios financieros benefician a las empresas. En Perú podría producirse un círculo virtuoso de mayor crecimiento y mejores políticas macroeconómicas que culmine en niveles más altos de formalización y productividad en la economía, lo que a su vez impulsaría un mayor nivel de crecimiento.

¿Podrá Perú sacar provecho de las oportunidades existentes en materia de educación, infraestructura e inclusión? Estoy firmemente convencida de que esto es posible gracias a la increíble energía e ingenio de los peruanos.

Y más que nada, gracias a ustedes.

Conclusión

En esta sala veo a los encargados de la política económica y a los líderes empresariales del mañana. Veo también a la generación que contará con una extraordinaria oportunidad para encabezar la transformación de la economía peruana en el siglo XXI. ¡Qué posibilidad más excitante! ¡Y que responsabilidad más grande!

Como lo dijo Mario Vargas Llosa: “A veces, los economistas cuentan mejores historias que los novelistas”.

Ustedes tendrán la oportunidad de relatar su propia contribución a crear un clima de apertura, inclusión y prosperidad para todos, en su país y en el resto del mundo. Sus hijos y sus nietos escucharán ese relato, y se los agradecerán.

Muchas gracias.

Anuncios