¿Qué necesita el Perú para lograr ser un país desarrollado?

Primero que nada debe continuar la gran transformación de la educación. Para ello hay que seguir invirtiendo porcentajes más significativos de los presupuestos. En la época del gobierno de Fernando Belaunde (1980-1985), el 6% del presupuesto se iba en educación. A eso debemos apuntar. ¡Y continuar lo bueno! Las experiencias de proyectos como el Colegio Mayor, que se hizo en el segundo gobierno de Alan García, y Beca 18, forjado por el presidente Humala, son muy exitosas y apuntan a mejorar como país. ¿O alguien cree que se puede hablar de transformación en el país si no tenemos recursos humanos calificados? El presidente Belaunde solía decir que la única y auténtica distribución de la riqueza en el Perú es la justa y equitativa distribución del conocimiento. Para eso debemos no solo tener mayores recursos, sino también ir a los lugares donde tradicionalmente no llegó el Estado. Hace poco se empezó trayendo a Lima a los más talentosos chicos de escasos recursos y extrema pobreza a estudiar al Colegio Mayor, lo que fue buenísimo. Pero lo mejor es que pronto se van a hacer colegios de alto rendimiento en diversas ciudades del país. Ese es el camino correcto.

¿Qué más se debe hacer en educación?

Seguir motivando la inversión privada en educación. Deberíamos seguir lo que se hace en Estados Unidos, donde ya no se hacen colegios estatales. A nivel de educación escolar se ha implementado el sistema denominado Escuela Charter. Se trata de una escuela privada manejada con recursos públicos. ¿Qué hace con esto el Gobierno norteamericano? Por un lado, potenciar y mejorar la excelencia de su educación pública y, por el otro, ser mucho más eficientes en el gasto.

Vamos al tema social. Hay proyectos mineros que no salieron. Conga y Tía María son dos casos emblemáticos.

El Perú es un país minero y siempre lo será. El 60% de nuestras exportaciones son mineras, pero no hemos encontrado la receta para involucrar la explotación minera con las comunidades donde se encuentran esos yacimientos. Hace unos días en una reunión con el ex presidente español José María Aznar conocí a un inversionista mexicano que tiene, entre varios proyectos uno que tiene que ver con el desarrollo agropecuario. Este empresario tiene 5.000 hectáreas de producción en Chiapas, que es un estado muy convulsionado e inseguro donde el narcotráfico se ha metido con fuerza desde hace varios años.

¿Cómo lo logró?

Muy fácil. Hizo alianzas estratégicas con las comunidades de Chiapas y llegó a un acuerdo feliz en el que ellos ponen su tierra, la cual les sigue perteneciendo en su totalidad, y el empresario el knowhow y van a medias en la producción de la tierra. Cada vez que hay conflictos en Chiapas por otros motivos jamás se han metido en estas 5.000 hectáreas porque la población, que es dueña del proyecto también, las cuida más que nada. Eso puede ser replicado en el Perú. ¿Qué pasaría con ese tipo de decisiones en las zonas altoandinas del país donde existen tierras de cultivo maravillosas? Con este tipo de asociaciones entre el sector privado y las comunidades, dándole un marco legal que no es nada complicado, tendríamos a toda esa población involucrada en el proyecto y en un área que como sabemos en el Perú es donde más pobreza tenemos.

La inseguridad aumentó en este gobierno. ¿Hay propuestas interesantes?

Escuché al expresidente García decir que tenemos que ser más eficientes con los recursos escasos de la Policía Nacional. Parte de eso se logrará cuando se elimine el régimen 24 x 24 [permite a los policías trabajar en sus días de franco]. Los policías no deben tener otros trabajos. Pero, claro, hay que compensarle lo que recibe por ese extra aumentándole el sueldo, pues si cachuelea es porque necesita el dinero para el colegio de sus hijos y vivir decorosamente. García dijo que la policía no debería dirigir el tránsito. Esa tarea debe ser, como pasa en EE.UU. y otros países, municipal. La policía debe centrarse en lo que es la seguridad ciudadana. Para eso fue preparada.

Talento para el Estado

Se habla de reforma del Estado, pero cómo hacerla si los mejores talentos no están precisamente en el Estado. Cuestión de sueldos bajos.

Cuando el expresidente Alvaro Uribe entregó el mando le pregunté cuál era su receta dejar el cargo con una alta aprobación, y sonriendo me dijo: “Muy fácil, la mejor gente de Colombia la tuvo el gobierno de Colombia. Cuando fui elegido presidente la primera vez hicimos un estudio para ver cuáles eran los puestos estratégicos del desarrollo colombiano donde tenían que estar los mejores técnicos y profesionales, y, por otro lado, cuánto se les debería pagar y finalmente nombré a un grupo de personas para que se encargaran del tema. Despoliticé el Estado. Yo tuve un mismo ministro de Educación ocho años”. Eso sería muy interesante de imitar en el Perú. El día que nosotros despoliticemos el Estado -porque la gran reforma que el país requiere y que está pendiente es la transformación del Estado- tendremos un Estado más ágil, menos burocrático, con gente mejor pagada y preparada. Allí se acabó la corrupción.

Pero usted cree que eso se puede lograr aquí. ¿Ve a algún candidato que vaya con propuestas en ese sentido?

Soy optimista. Estamos en un momento interesante en la historia democrática en el país, donde tenemos un candidato que quiere ser presidente por tercera vez. Otro que también ya lo fue una vez y quiere volver a serlo y un candidato que fue un ministro y primer ministro valioso. Además, tenemos a la hija de Alberto Fujimori, que ha sido parlamentaria y que tiene experiencia de gobierno porque estuvo cerca de su papá, y hay que reconocer que en el gobierno de Fujimori sí bien hubo cosas que no se pueden aceptar, pero otras sí fueron positivas. Recordemos nada más que la apertura del Perú al mundo en una forma mucho más profunda viene con Fujimori. Yo creo que esta es la gran oportunidad, porque el gobierno que vamos a elegir es el que llevará al Perú a su bicentenario y habría que preguntar a los candidatos qué país quieren tener.

Los gastos de campaña y su procedencia será un tema candente también durante esta campaña.

Insisto tercamente en que en el Congreso debería aprobarse una norma que establezca la transparencia de los usos de los recursos en la elecciones. No es posible que no se sepa de dónde vienen los recursos que algunos candidatos utilizan. Si queremos cerrar la presencia del narcotráfico y de la corrupción en las elecciones, se debe emitir una ley así. En EE.UU. todo el mundo sabe quién colabora con el Partido Republicano y quién con el Partido Demócrata. Y muchas veces hay compañías de renombre a nivel mundial que apoyan a los dos partidos, y todos pueden saberlo.

La gran mayoría de políticos están desprestigiados y no se ven caras nuevas. En el Perú hay gente de primer nivel, pero no va a la política.

Recuerdo que cuando Vargas Llosa fue candidato a la presidencia en 1990 emitió calificativos muy duros contra otros. Yo fui uno de los que criticó esos términos. Han pasado los años y esa situación se quedó corta, pues se convirtió a la política en un instrumento de destrucción. La política -nos decía el expresidente Belaunde- es el arte de crear, de coincidir. Al final de su vida, Armando Villanueva del Campo me dijo que hay que buscar que las grandes coincidencias que necesita el Perú para desarrollarse debían ser políticas de Estado, y que si eso no ocurría, el Perú no tiene solución.

Justamente eso es lo que hay que hacer. Hay que buscar los puntos de encuentro. El país tiene ejemplos muy positivos y con resultados magníficos de cuando hubo políticas de Estado. Por ejemplo, el Perú en La Haya. Los que manejaron ese exitoso proceso vinieron desde otros gobiernos. Lo que hizo Humala fue ratificar el equipo que había hecho García y este a su vez el que manejó Toledo. La continuidad en un objetivo que se convirtió en política de Estado hizo que el Perú tenga éxito. Otro ejemplo son los tratados de libre comercio (TLC). Para conseguirlos se necesitan negociaciones largas. En campaña algunos discreparon, pero finalmente apoyaron. ¡Eso es política de Estado!

La educación debe ser política de Estado, pero ya algunos candidatos hablan de eliminar Beca 18.

Repito: hay que despolitizar al Estado. Hemos visto que existe mucha corrupción en el interior del país, y si analizamos a la gente que tienen los presidentes regionales debajo de ellos son gente que en su mayoría no es profesional. Si hubiera una ley que mandara a contratar a la gente mediante concurso público con una remuneración adecuada, eso disminuiría. Si no pagamos bien no vamos a tener allí a un profesional altamente capacitado. El Estado tiene que empezar a competir para tener a su mejor gente. Vamos a ahorrar millones porque se eliminaría poco a poco la corrupción y vas a tener a gente eficiente en las posiciones. Esto debe pasar no solo a nivel de gobierno central, sino que debe ser igual en los gobiernos regionales y locales. ¿Por qué tenemos que condenar a una región a no tener gente de primer nivel? Ahí es donde cae la corrupción.

Alan García fue quien bajó y puso límites a los sueldos del Estado.

Pero está mal. El sueldo es una retribución a un trabajo decente, transparente. Más de 40.000 jóvenes talentosos han sido mandados a las mejores universidades con Beca 18. Hasta allí perfecto, pero cuando esta gente capaz y talentosa termine la universidad lo más probable es que no vaya a trabajar a un Estado que no le paga bien. No tiene lógica. Ponen a estos chicos en la U. de Lima, PUCP, USIL, UPC, pero cuando acaban la carrera, en vez de contratarlos les dicen “anda búscatelas”. ¡Ese capital humano se necesita en las provincias!

¿Qué puede hacer el gobierno en este poco tiempo que le queda?

Concertar, juntarse con la oposición y ver qué leyes se pueden sacar. El país lo necesita. Y concertar también con los gremios empresariales y preparar la pista de despegue al nuevo gobierno. Lamentablemente una gran reforma sin gente capacitada es muy difícil de hacer, pero creo que en estos pocos meses que faltan se puede hacer muchas concertando, construyendo puentes.

Por Fernando Chevarria

 

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