La intensa movilidad de los factores de producción, de las personas, el desarrollo tecnológico aplicado en la forma de vida, la importancia y el crecimiento de las ciudades en el mundo, así como la diversidad de servicios públicos y privados que se desarrollaron a finales de la década pasada, marcaron sin lugar a dudas el inicio de un siglo basado en la revolución del conocimiento. Estos factores afectan la organización y convivencia social, en este contexto, la ciudad se reestructura y por tanto la planeación debe ajustarse a los nuevos requerimientos y retos.

La revolución tecnológica, la gestión del conocimiento y el uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC´s), han modificado radicalmente la dinámica social, las formas de comunicación, la integración y las actividades productivas; con todo ello, la ciudad como territorio en el que se concentra la población y las actividades económicas, también ha cambiado a través de nuevas formas de gestión y de estructuración del espacio urbano y con ello existen nuevos adjetivos para la ciudad. Se podría considerar que los cambios ocurridos en la ciudad del siglo XXI podrían sintetizarse en la globalización, el multiculturalismo y la sociedad del conocimiento lo cual califica a la ciudad como ciudad global, ciudad multicultural y ciudad del conocimiento.

La ciudad global replantea el concepto de ciudad tradicional en una escala local para redimensionarla como un espacio relacionado a nivel mundial, de esta manera la ciudad se entiende como un nodo de una red global a la cual pertenece. En esta red, la ciudad es un agente, actor, componente o espacio fundamental para la transformación de las condiciones económicas y sociales de las personas y de las naciones; aunque esta premisa fue cuestionada en 2010 en Leipzig, en respuesta a las crisis de los mercados financieros y del neoliberalismo (Roch, 2012), la ciudad se mantiene como un activo para el desarrollo a partir de su integración en redes, de las oportunidades que se generan, de los patrimonios que mantiene como lo cultural, lo social o la educación así como de las relaciones entre lo local y lo global.

La ciudad global hace referencia aquellas ciudades cuya importancia económica, intercambios y flujos de información, mercancías y personas van más allá de sus espacios físicos alcanzando una influencia meso-regional e internacional. Las relaciones globales han trascendido la geografía de los países, disminuyendo la importancia de las fronteras, creando nuevas formas de interacción espacial y nuevos patrones territoriales. En este ambiente, las “actividades globales” permiten crear interacciones entre territorios no contiguos o distantes y crean “espacios globales”; como es el caso de las comunicaciones, el comercio, los procesos productivos y los flujos financieros que afectan el comportamiento y desempeño de las organizaciones, la ecología social, o la ideología (Scholte, 2000).

Como concepto, la globalización parece no estar claramente definida, sin embargo existen estudios y reflexiones sobre sus implicaciones en el desarrollo, en su dimensión espacial que abarca lo territorial y la sociedad, la ciudad y sus ciudadanos. El Banco Mundial (2000) señala que existe una variedad de significados para la globalización, y que estos parecen ir en aumento conforme transcurre el tiempo, sin embargo la globalización está asociada a dimensiones culturales, políticas, económicas, sociales, ambientales y territoriales.

Si bien la globalización se materializa en el comercio internacional, en la inversión extranjera directa (IED), en los flujos del mercado de capitales y en los movimientos de información y de personas, todo esto sucede entre territorios de manera creciente y acelerada, los cuales se intensifican en la ciudad. La globalización vincula prácticas locales de convivencia con relaciones sociales a nivel mundial y reorganiza aspectos de la vida cotidiana; es un efecto de la revolución de las telecomunicaciones que ha creado una audiencia mundial y un conjunto de redes de intercomunicación (Giddens, 2000). En este escenario, los gobiernos locales deben de ser capaces de “pensar globalmente y actuar localmente”.

A partir de lo anterior, la planeación de una ciudad moderna o ciudad “global” debe considerar otro tipo de infraestructura de comunicación, como las TIC, otras formas de gobierno basadas en la integración a redes y nuevas formas de gestión y aprovechamiento de la información, generación de conocimiento y atención a la diversidad, que coloquen en el centro de la política pública al ciudadano y su capacidad de accesibilidad y conectividad.

Uno de los principales efectos de la globalización es la amplia movilidad y comunicación entre sociedades con diferente historia, territorio, o culturas que integran nuevas comunidades con diferentes formas de pensamiento, tradiciones y cultura en general, conformando una ciudad multicultural.

La ciudad multicultural se caracteriza por una “nueva” estructura social, lo cual exige modelos flexibles de planeación y de participación del Gobierno, cada vez más representativos y democráticos, que reconozcan ideologías, grupos e individuos que cohabitan, con la finalidad de mejorar la cohesión social y disminuir conflictos, de esta manera se identifican nueva prioridades y la planeación participativa es tal vez el instrumento actualmente reconocido con mayor necesidad de ser incorporado en la planeación urbana, pero que exige de nuevos diseños, enfoques y del respectivo ajuste con relación a las rígidas estructuras administrativas tradicionales.

Los gobiernos, sobre todo locales, enfrentan nuevas crisis, retos y por ello surge la necesidad de reinventarse para adecuar sus capacidades a la nueva realidad y características de los territorios, como es el caso de las comunidades, la ciudades pequeñas, medianas o las grandes metrópolis. La gobernanza, flexibilidad, empoderamiento del ciudadano, gobierno electrónico, transparencia, liderazgo o derecho a la ciudad, aparecen como nuevas características de los gobiernos locales en la ciudad multicultural.

Un tercer tipo de ciudad que caracteriza al siglo XXI es la ciudad del conocimiento. Hacia finales del siglo pasado y principios del presente, la gestión y uso del conocimiento se convirtió en  tema recurrente para explicar los procesos de desarrollo. En la sociedad del conocimiento el recurso básico es el saber, la sistematización y organización de información aplicados a la gestión de negocios de alto valor agregado en la economía, que a su vez inciden en la generación de riqueza, y en su eventual redistribución, así como en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, propiciando un efecto virtuoso.

La sociedad del conocimiento tiene su fundamento en el trabajo de Peter Drucker (1990), relacionado con la gestión empresarial y lo que definió como “sociedad pos-capitalista”, aquella basada en la producción de riqueza en función directa de la productividad generada por el conocimiento.

También las aportaciones de Manuel Castells (2001) sobre la sociedad de la información y sociedad red enmarcan las características para el entendimiento de este concepto. En los años setenta, los trabajos derivados del surgimiento de una nueva división del trabajo que privilegio el capital intelectual, constituyeron el referente contemporáneo de las ciudades del conocimiento (Narváez, 2007).

La planeación de las ciudades basadas en el conocimiento tiene sus antecedentes en el siglo XIX y surgen en el ámbito de la milicia, están caracterizadas por aplicar la investigación en la solución de problemas; este enfoque de la planeación está orientado a la creación de activos que generen valor como resultado de la aplicación de la innovación y la transformación de negocios, y por ello se justifica a su vez la inversión en educación, ciencia, tecnología (Narváez, 2007, pág. 20). En la ciudad del conocimiento existen nuevas necesidades de servicios como el acceso a Internet, a una computadora personal o a las tecnologías de la información y de la comunicación y en consecuencia se debe de planear nueva infraestructura como la fibra óptica o las redes inalámbricas como el Wi-Fi o el Bluetooth.

En la ciudad del conocimiento la planeación urbana es el instrumento para generar estrategias de alto valor agregado, a través de proyectos que generen innovación y competitividad en el largo plazo; sin embargo, en materia de administración de la ciudad existen muchos retos, por ejemplo, los gobiernos locales tienen sistemas de información poco desarrollados, hace falta utilizar de forma intensiva las TIC ya que únicamente las emplean como medio de difusión de información y no de gestión de conocimiento. De esta manera, el uso intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación ha replanteado también el concepto de ciudad, una aplicación de la ciudad del conocimiento es la “ciudad digital”, que a su vez ha creado nuevas formas de segregación como el “analfabetismo digital” y la “brecha tecnológica”.

En síntesis, los tres factores principales que afectan la ciudad –la globalización, el multiculturalismo y el conocimiento- obligan a repensar el concepto, proceso, dimensiones, métodos y técnicas de planeación urbana, reorientando su quehacer hacia los nuevos retos y exigencias de la sociedad moderna.

Fuente: CEPAL

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